Al parecer me gustan los pozos. Unos más profundos que otros. Me salgo de uno, después de cavarle un poco más de profundidad y luego voy y me meto a otro. Así la llevo. Brincando de pozo en pozo. Y cuando no encuentro uno, yo misma lo cavo, cómo no! empiezo a rascar en la tierra. ¿Pero que necesidad? Ahí no había tal. Yo lo invento, lo creo, lo imagino, lo hago. Y me meto.
Porque al parecer me gustan los pozos.