viernes, 2 de diciembre de 2016

La venta de esclavos

Javier era el galán de la secundaria y cómo era de esperarse, de la prepa también lo fue. Le decíamos "El Galán" después fue Galaxia... para mí siempre fue hermano. Y la verdad sobreviví a la prepa gracias a su popularidad. Un bicho raro cómo yo, no la tenía fácil sin un amigo cómo él.

Para financiar  un baile de primavera o algo así, la sociedad de alumnos de la preparatoria número 7 de la Universidad Autónoma de Nuevo León, organizó una venta de esclavos, sí, de esclavos.
Los muchachos guapos serían vendidos en una subasta en el patio central de la escuela (¿dónde están las feministas cuando se les requiere?).
Javier era pieza  importante en  dicha subasta, ya que la mayoría de las muchachas querían comprarlo.  Antes de entrar al mercado de carne, del cual era víctima mi guapo amigo, me dio $100 pesos y me dijo: "no dejes que nadie que no seas tú me compre!".
Durante la penosa venta, las muchachas ofrecía 10, 20, 30, 40, 50 pesos y yo, burlona, las dejaba batallar, al final, una de las muchachas más pesadas (tal vez 150 kilos) estaba apunto de llevárselo... tal vez  por $90 pesos. Javier, con cara de susto me volteaba a ver y yo le sonreía malignamente.
Antes de que se lo llevará lo rescaté ¡$110 pesos! grité. Y Javier gritó "vendido" y se bajó de inmediato del podio para correr a cargarme."Que culera eres, pero gracias hermana" me  dijo.
"Estás en deuda.., si quiero tomar algo, si me da hambre, si me  da flojera moverme, tú tendrás que hacerte cargo" le dije. Javier sonrió y no hubo ninguna queja, durante el día me  trajo tamales, refresco, y me pasó todo lo  que le  pedí.

Hace unos días fui a ciudad infierno a verlo, pasé todo el domingo con él en el hospital. Cuando llegué, su esposa me abrazó y me dijo al oído: "por favor no  llores frente a él, le duele mucho verte llorar". Me senté junto a él y estuvimos recordando la venta de esclavos, mi propensión a la pendejada y mi mala actitud ante casi todo... le dije: "creo que eres la única persona con la que nunca he peleado, y ese es un mérito tuyo, no mío". Me sonrió, me apretó la mano y me dijo: "te quiero un chingo hermana".

Cuando  nos despedimos, le dije: "descansa ya guapo, es hora de irse, acá yo me encargo de todo".
Me sonrió y me dijo: "allá nos vemos" y yo respondí: "allá te alcanzo".

Eso es lo más difícil que he hecho en mi vida.

Salí del hospital y caminé hasta la central de autobuses de Monterrey, lloré durante todo el camino, por dos horas. El martes en  la noche, su esposa me envió el mensaje: "Mi  flaquito ya se fue".
Y no pude si no llorar otros dos días.



Adiós hermano, allá te alcanzo.



:(