lunes, 29 de agosto de 2011

Enchiladas y huevos.

El viernes fui por unas enchiladas (delicioso manjar) y mientras esperaba que me entregaran lo que sería mi deliciosa cena, ví en el televisor al H.* comandante supremo de las fuerzas armadas de México, me fui a sentar lejos, no quería escuchar su irrisorio discurso, menos que me arruinara la cena que me esperaba. La señora que vendía las enchiladas le puso atención por dos minutos aproximadamente, hasta que volteó a donde yo me encontraba y dijo: "Este pendejo ya nomás habla por hablar" yo asentí, La señora sonrió y me dijo: "hay que hacer algo". Yo asentí de nuevo sonriéndole. Me entregó mis enchiladas y me fui.
Por un momento pensé "por qué estoy tan insensible a la muerte de estas personas? mis compañeras de trabajo tuvieron que ir a "calmar" a las familias que exigían los cuerpos de sus familiares muertos y me contaron lo terrible que eso fue y aún así me da igual... por qué tienen que ser ricos los que mueren para que venga el pendejo del presidente a hacer una guardia de honor que sirve para dos cosas? eso si me indigna" 

Lo indignante de los hechos que ocurrieron en la ciudad que me adoptó por tantos años no radica en los muertos de nivel socioeconómico ALTO, sino en el discurso de las "autoridades" frente a ello.
Yo igual disfruté mis enchiladas, pensando muy seriamente en qué responder la próxima vez que alguien me diga: "hay que hacer algo"

El domingo (mi cumpleaños) fui a desayunar con unas personas, una de ellas me dijo: Al final, Calderón es el único que ha tenido los huevos de hacerles frente a esos miserables... yo, que pensé que se refería al pueblo mexicano le dije: Claro!!! Que huevos de ponserse frente a las cámaras el muy hijo de puta!!!
Pero al parecer no me expliqué. Yo igual disfruté mi desayuno: huevos revueltos.




Hay que hacer algo.

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