El: Si lo que estás intentando es hartarme, cansarme, hacer que deje de quererte, eso no va a pasar, te lo aclaro de una vez. Tu podrás ser muy lista y terca, pero yo tengo toda la paciencia del mundo. No sé que fue lo que te hicieron, pero yo no tengo la culpa. Tú decides como quieres pasar el resto del tiempo, peleando, gritando, pateando, entre muros blancos, calmada, tranquila, entre muros azules. Tú decides en donde va a crecer tú engendro, en un bosque tú y él rodeados de gatos o con una familia.
Ella: De pronto el bosque y los gatos resultan una opción sumamente agradable. Nunca digas nunca y no subestimes mi capacidad de conseguir que me dejen de querer.
El: Nunca me voy a cansar.
Ella: Yo ya me cansé. "Esta cosa pequeñita y mía" es mía. Así soy y qué!!? Sí la única persona con la que he deseado tener algo parecido a una familia no me quiso así como soy, no me interesa lo que nadie más pueda ofrecerme... iré a buscar "el pueblo de los gatos", algún día, cuando te voltees, cuando nadie me esté vigilando voy a escapar y nunca me volverás a ver. Sé como desaparecer y sé como comunicarme, sé que él me observa, desde su sistema operativo poco común con un navegador poco acorde, sé que cada día busca saber de mí y yo solo le doy la información que quiero que tenga, porque es la única forma en la que va a saber cualquier cosa de mí y tendrá que confiar en que lo que lee es verdad o dejar de venir a leer sobre mí y seguir con su miserable vida sin mí. SIN MI! Porque cuando decides vivir sin mí entonces, si tienes suerte, sabes que puedes venir aquí a enterarte. Y yo sé que puedo escribir lo que yo quiera.
El: A veces no entiendo ni una sola palabra de lo que dices.
Ella: Eso es porque tú no eres el receptor de este mensaje que emito.
(Se voltea hacia el muro blanco y cierra los ojos mientras murmura "te extraño", la cosa pequeñita brinca en su interior; él trata de decir algo más, pero lo considera inoportuno y sale de la habitación)