Llegué a las 11pm con el tanque vacío, huyendo de la institución en la que estuve los últimos meses. Sin dinero en la bolsa, con el engendrito estresado y Gobolina en su caja morada maullando aterrada. Tuve que llamar a la última persona en el mundo a la que le llamaría si necesito ayuda... mi padre.
Cuando desperté al día siguiente recordé uno de los miles de motivos por los que no puedo vivir cerca de él; hace muchos años me prometí que jamás nunca nadie me despertaría con gritos. Ese mismo día me fui de ahí.
Algunos amigos estuvieron, otros no, así es como uno se entera...supongo. Recibí ayuda, mucha ayuda. Me sentí como las mujeres maltratadas a las que atendí en mi anterior trabajo... sin dinero, sin tener a donde ir... con un engendro y una Gobolina... pensé: chingo a mi madre si me convierto en una víctima.
Después anduve en el metro... nunca pensé decirlo: extrañé esta miserable ciudad calurosa, y me sentí bien cuando en el súper la cajera, la señora que hacía fila detrás de mí y el que empaqueta la comida me hablaban de bebés, sin interrumpir el eficiente ciclo de atención, gente eficiente. Extrañaba a la gente eficiente, estúpida, pero eficiente.
Ahora tengo una nueva casa en otro lugar, un nuevo lugar para mí, mi engendrito y Gobolina, porque un día, yo lo sé, nosotros 3 vamos a ser bien felices y eso es lo que pasa... adiós de nuevo ciudad infierno.
Cuando desperté al día siguiente recordé uno de los miles de motivos por los que no puedo vivir cerca de él; hace muchos años me prometí que jamás nunca nadie me despertaría con gritos. Ese mismo día me fui de ahí.
Algunos amigos estuvieron, otros no, así es como uno se entera...supongo. Recibí ayuda, mucha ayuda. Me sentí como las mujeres maltratadas a las que atendí en mi anterior trabajo... sin dinero, sin tener a donde ir... con un engendro y una Gobolina... pensé: chingo a mi madre si me convierto en una víctima.
Después anduve en el metro... nunca pensé decirlo: extrañé esta miserable ciudad calurosa, y me sentí bien cuando en el súper la cajera, la señora que hacía fila detrás de mí y el que empaqueta la comida me hablaban de bebés, sin interrumpir el eficiente ciclo de atención, gente eficiente. Extrañaba a la gente eficiente, estúpida, pero eficiente.
Ahora tengo una nueva casa en otro lugar, un nuevo lugar para mí, mi engendrito y Gobolina, porque un día, yo lo sé, nosotros 3 vamos a ser bien felices y eso es lo que pasa... adiós de nuevo ciudad infierno.
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