miércoles, 13 de junio de 2012

Matutinadas maternales.

Salí por la mañana con mi Engendro... fuimos a dejar a C. a su trabajo. De regreso Mijo se durmió y pensé que debía aprovechar para lanzarme por unos tacos de esos que tanto me gustan y que en mis tiempos de universitaria comía con singular alegría y sin restricciones (llegué a comerme una docena). Decidí ir a la sucursal de San Nicolás, para no entrar al tráfico matutino... oh! terrible sorpresa, ya no existe dicha sucursal. De regreso, con el antojo marchito, pensé en pasar por la que fue mi casa cuando era niña y contarle la historia a Mijo, pero no quise mentirle, así que mejor regresé y desayuné cereal con leche. Los tacos pueden esperar. Las historias también.


Me encuentro en la mirada de mi Engendro que me reconoce.
Y me reconozco ahí, en donde nunca pensé estar.

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