Aún no sé ni cómo estructurarlo con palabras, igual trataré de hacerlo... para eso sirve esta mugre de blog.
Me despiertas entonces? dijo C. Simón. Respondí yo.
A las 4:30am después de dormir 3hrs y media, mi Engendro exigía sus alimentos, desperté a C. que se dió una ducha. Yo hice lo mismo después de alimentar al Engendro.
El polvorón (mi vehículo) estaba cargado con las cosas que me llevaría desde el día anterior, con mi nueva parrilla para cargar más, sólo faltaba mi familia. Cuando salimos del depa de C. le dje: Mira, sí puedo cargar con mi familia. Mientras cargaba la jaula con Gobolina y el portabebé con Engendro.
Manejé hasta que Engendro exigió de nuevo sus alimentos. El polvorón se había calentado un poco en las subidas de Arteaga, me pareció lógico por el peso y el esfuerzo del motor. C. se puso al volante y la temperatura subió un poco más, constante, hasta llegar a lo rojo, nos detuvimos en medio de la nada. Esperamos a que se enfriara el motor, pusimos anticongelante (comprado con anticipación, previendo semejante circunstancia) y emprendimos el camino de nuevo, conmigo al volante una vez más.
Casi llegando a Ciudad Polvo (pasando esa ciudad siempre es cuando por fin siento que salí del norte de este país) el motor de Polvorón comenzó a calentarse de nuevo... paramos, otra vez anticongelante. Fuimos a un vulcanizadora que estaba a unos metros y pregunté a que podía deberse semejante calentamiento después de un galón de anticongelante y otro de agua. No respondieron, el motor estaba frío de todas formas así que decidimos continuar después de que C. pidiera un baño y le dijeran que ahí después de un montón de mugrero se encontraba algo parecido a una letrina, nel, vamonos.
Gasolinera de "Pocitos". Llego ahí?. Ya se me quitó la urgencia, me dijo C. Ps igual y relleno el tanque de una vez.
Sólo faltan 400 km Polvorón!. Y cuando traté de encenderlo no pude. Intenté una, dos, tres veces. Encendió y lanzó por el mofle humo blanco, mucho. Me puse en una bomba de gasolina y pregunté: Tú sabes por qué hace eso?. El muchacho me dijo, hay que checarle el aceite. Ya se lo checaron, dije mientras me bajaba. El aceite tiene agua! gritó el muchacho.
P U T A M A D R E. Pensé yo.
Ya no lo prendas, lo vas a desvielar. Donde hay un taller por aquí?. Aquí hay una tarjeta de un mecánico. Llamé.
Vino un señor. Revisó el motor. Agua en el aceite efectivamente, empaques, cabeza... 7mil pesos. Cotiza una grúa... Cuando decidas que hacer me llamas.
C. cotiza la grúa. Yo habló con mi madre. Grúa cara, madre no paga. Señor, llévenos a la estación de autobuses, espere, sacaré lo que pueda cargar de mi pobre polvorón.
Engendro, Gobolina, C. y yo en la central de autobuses de ciudad polvo. Cosas asquerosas suceden en esa central. Un niño pequeño lleno de mocos se mete a la boca un dulce que se le cayó al suelo, después de que algo que parecía ser su padre lo sacudiera con sus manos igual de sucias que el suelo.
Parece que algo impide que salgas de aquí, me dijo C. Me la pela, yo llego hoy a ciudad de árboles morados sí o sí, respondí.
Lentitud. 2 horas y media para abordar el bus, fantaseamos respecto al año en el que estabamos, todo lucía tan 1994 que por un momento pensamos que veríamos revistas ERES con Chao y Sasha en la portadas, reímos bastante.
Abordamos, Gobolina tiene que viajar abajo, con las maletas. Pobre Goboamor la tratan como equipaje. 6 horas después llegamos a Ciudad de árboles morados con mi madre, yo no había podido dormir, Gobolina estresada, bebé sonriendo (increíble lo buena onda que es ese Engendro) C. con los ojos más rojos del mundo después de una siesta.
Por fin estamos aquí. TOMA ESO DESTINO DE MIERDA!!!. Aquí no quieren a Gobolina. Ya aclaré que donde estemos bebé y yo estará ella y que mi hijo lo único que tiene en el mundo y lo único que necesita soy yo. Parece haber quedado claro, pero igual, me urge conseguir un sitio para vivir, con mi familia.
Mis cosas y mi polvorón continúan en medio de la nada, en la frontera entre mi salida de un lugar que jamás había podido dejar y lo que puede ser mi nueva vida. En un lugar donde aún es 1994. A 400 kilómetros de aquí. A donde tengo que volver, por él.
Tengo mucho, mucho sueño.
No sé que hubiera hecho sin C.
Me despiertas entonces? dijo C. Simón. Respondí yo.
A las 4:30am después de dormir 3hrs y media, mi Engendro exigía sus alimentos, desperté a C. que se dió una ducha. Yo hice lo mismo después de alimentar al Engendro.
El polvorón (mi vehículo) estaba cargado con las cosas que me llevaría desde el día anterior, con mi nueva parrilla para cargar más, sólo faltaba mi familia. Cuando salimos del depa de C. le dje: Mira, sí puedo cargar con mi familia. Mientras cargaba la jaula con Gobolina y el portabebé con Engendro.
Manejé hasta que Engendro exigió de nuevo sus alimentos. El polvorón se había calentado un poco en las subidas de Arteaga, me pareció lógico por el peso y el esfuerzo del motor. C. se puso al volante y la temperatura subió un poco más, constante, hasta llegar a lo rojo, nos detuvimos en medio de la nada. Esperamos a que se enfriara el motor, pusimos anticongelante (comprado con anticipación, previendo semejante circunstancia) y emprendimos el camino de nuevo, conmigo al volante una vez más.
Casi llegando a Ciudad Polvo (pasando esa ciudad siempre es cuando por fin siento que salí del norte de este país) el motor de Polvorón comenzó a calentarse de nuevo... paramos, otra vez anticongelante. Fuimos a un vulcanizadora que estaba a unos metros y pregunté a que podía deberse semejante calentamiento después de un galón de anticongelante y otro de agua. No respondieron, el motor estaba frío de todas formas así que decidimos continuar después de que C. pidiera un baño y le dijeran que ahí después de un montón de mugrero se encontraba algo parecido a una letrina, nel, vamonos.
Gasolinera de "Pocitos". Llego ahí?. Ya se me quitó la urgencia, me dijo C. Ps igual y relleno el tanque de una vez.
Sólo faltan 400 km Polvorón!. Y cuando traté de encenderlo no pude. Intenté una, dos, tres veces. Encendió y lanzó por el mofle humo blanco, mucho. Me puse en una bomba de gasolina y pregunté: Tú sabes por qué hace eso?. El muchacho me dijo, hay que checarle el aceite. Ya se lo checaron, dije mientras me bajaba. El aceite tiene agua! gritó el muchacho.
P U T A M A D R E. Pensé yo.
Ya no lo prendas, lo vas a desvielar. Donde hay un taller por aquí?. Aquí hay una tarjeta de un mecánico. Llamé.
Vino un señor. Revisó el motor. Agua en el aceite efectivamente, empaques, cabeza... 7mil pesos. Cotiza una grúa... Cuando decidas que hacer me llamas.
C. cotiza la grúa. Yo habló con mi madre. Grúa cara, madre no paga. Señor, llévenos a la estación de autobuses, espere, sacaré lo que pueda cargar de mi pobre polvorón.
Engendro, Gobolina, C. y yo en la central de autobuses de ciudad polvo. Cosas asquerosas suceden en esa central. Un niño pequeño lleno de mocos se mete a la boca un dulce que se le cayó al suelo, después de que algo que parecía ser su padre lo sacudiera con sus manos igual de sucias que el suelo.
Parece que algo impide que salgas de aquí, me dijo C. Me la pela, yo llego hoy a ciudad de árboles morados sí o sí, respondí.
Lentitud. 2 horas y media para abordar el bus, fantaseamos respecto al año en el que estabamos, todo lucía tan 1994 que por un momento pensamos que veríamos revistas ERES con Chao y Sasha en la portadas, reímos bastante.
Abordamos, Gobolina tiene que viajar abajo, con las maletas. Pobre Goboamor la tratan como equipaje. 6 horas después llegamos a Ciudad de árboles morados con mi madre, yo no había podido dormir, Gobolina estresada, bebé sonriendo (increíble lo buena onda que es ese Engendro) C. con los ojos más rojos del mundo después de una siesta.
Por fin estamos aquí. TOMA ESO DESTINO DE MIERDA!!!. Aquí no quieren a Gobolina. Ya aclaré que donde estemos bebé y yo estará ella y que mi hijo lo único que tiene en el mundo y lo único que necesita soy yo. Parece haber quedado claro, pero igual, me urge conseguir un sitio para vivir, con mi familia.
Mis cosas y mi polvorón continúan en medio de la nada, en la frontera entre mi salida de un lugar que jamás había podido dejar y lo que puede ser mi nueva vida. En un lugar donde aún es 1994. A 400 kilómetros de aquí. A donde tengo que volver, por él.
Tengo mucho, mucho sueño.
No sé que hubiera hecho sin C.
2 comentarios:
1994, buen año, eh
Mas o menos
Publicar un comentario