Llevo varios días tratando de escribir una historia sobre el pyrocephalus rubinus que vuela frente a la ventana de mi oficina, todos los días desde que llegué aquí.
En cuanto veo al pajarillo rojo pienso: por qué no es azul?... el azulejo de la felicidad. Sonrío. Ya vendrá la historia.
Mientras estuve en el vecino país del norte me entretenía caminando, esperando la llegada de mi engendro. Un día, mientras caminaba, ví una escena que me dejó paralizada por un momento: un perro que observaba a un gato que a su vez observaba a un ave en una fuente, y yo observándolos a todos. El perro ladró, el gato saltó y el ave voló. Final feliz?
Me gusta ver pajarillos...el sábado, cuando llegué por Magui-magú (el engendro) ví a un pajarito bebé que le gritaba a su mamá. No podía volar muy alto, así que se quedó atrapado. Su mamá parecía desesperada brincando en la barda. "Sácalo" me dijo mi mamá. "Si lo saco se lo come un gato", le dije. "Y de cuando acá tienes problemas con que los gatos coman?" me calló. Sabía que si lo dejaba ahí podía morir de hambre o de sed. No lo saqué, y después de un rato, dos pajarillos bajaron, lo ayudaron a salir. No tengo palabras para describir la salida del pajarito bebé apoyado en las alas de lo que parecían ser sus padres, fue lindo.
Cuando eso pasó había ya dos gatos viendo la escena: Magui-magú y yo.
En cuanto veo al pajarillo rojo pienso: por qué no es azul?... el azulejo de la felicidad. Sonrío. Ya vendrá la historia.
Mientras estuve en el vecino país del norte me entretenía caminando, esperando la llegada de mi engendro. Un día, mientras caminaba, ví una escena que me dejó paralizada por un momento: un perro que observaba a un gato que a su vez observaba a un ave en una fuente, y yo observándolos a todos. El perro ladró, el gato saltó y el ave voló. Final feliz?
Me gusta ver pajarillos...el sábado, cuando llegué por Magui-magú (el engendro) ví a un pajarito bebé que le gritaba a su mamá. No podía volar muy alto, así que se quedó atrapado. Su mamá parecía desesperada brincando en la barda. "Sácalo" me dijo mi mamá. "Si lo saco se lo come un gato", le dije. "Y de cuando acá tienes problemas con que los gatos coman?" me calló. Sabía que si lo dejaba ahí podía morir de hambre o de sed. No lo saqué, y después de un rato, dos pajarillos bajaron, lo ayudaron a salir. No tengo palabras para describir la salida del pajarito bebé apoyado en las alas de lo que parecían ser sus padres, fue lindo.
Cuando eso pasó había ya dos gatos viendo la escena: Magui-magú y yo.