lunes, 11 de marzo de 2013

Poder

En cuanto entré a la regadera comencé a llorar. Mi engendro acababa de dormirse después de una hora de llanto, por qué lloraba? porque no puedo estar con él mientras lavo la ropa, o mientras lavo sus biberones; porque no quiere estar en el andador y quiere que lo tenga cargado. No puedo, mi espalda no puede con 10 kilos extras... y su llanto tampoco me deja pensar, no me deja hacer nada, se me caen las cosas de las manos y algo se me retuerce adentro. Llora hasta que llego a acostarlo en su corralito y se duerme, suspirando... muy triste, me destroza. En cuanto entré a la regadera comencé a llorar, "no puedo" pienso una y otra vez. "En que momento se te ocurrió que tú sola podías con tu vida y con la de un bebé". Tengo ganas de hacerme bolita debajo de mi cama y llorar por dos días, siento que no debí tener un bebé, soy una mala mamá. En cuanto salgo de la regadera se despierta mi engendrito, me grita. Me visto, le doy de comer. Está serio en su sillita, comiendo su papilla de carne con verduras y arroz. Termina, lo cargo, yo también estoy seria. Lo abrazo y el me abraza a mí. "Nunca te voy a dejar, siempre voy a estar ahí, aunque no me veas, te escucho" le digo. Me sonríe y me enseña sus dientotes.


Sí puedo. 

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