viernes, 26 de abril de 2013

Árboles morados

La primera vez que estuve aquí estuve ebria, muy. No lo planeamos, en la borrachera surgió: Vamos a Real de 14. Fue el primer viaje sin mi familia, tenía 18. En el camino, de noche, Tapia me dijo: dile que nos vayamos a México.
Mi novio era el que conducía, era su vehículo (un tsuru guinda) en el que viajábamos  Vamos a México, dije. Ok, dijeron todos. Llegamos a Real de 14 y seguimos bebiendo al calor de una fogata, rodeados de gente buena onda (o eso parecía, en la borrachera todos se querían). Al día siguiente despertamos en las tiendas de campaña, con calor, crudos y oyendo gritos de vendedores ambulantes con piezas de metal en forma de extremidades humanas, horrible todo. Vamos a México. De nuevo en la carretera, con más cerveza, los baños eran insuficientes para la cantidad de alcohol que iba consumiendo, así que opté por orinar en la carretera. Llegamos a Querétaro, oriné en la carretera, ese es el acueducto, y esos árboles morados?, que bonito, bien, más cerveza, de nuevo a la carretera... me gustó, pues es tuyo, lo marcaste, está orinado, risas. "why can´t we be friends" era lo que sonaba. Lo tengo clarísimo, sonaba esa canción mientras veía los árboles hipócritas (los que tienen hojas de un lado verde y otro blanco). Esa fue la primera vez que fui a la capital. La primera vez que fui a Real de 14. La primera vez que fui a Querétaro. Sin planearlo.

Todo eso lo recordé ayer, cuando una florecilla morada cayó en mi parabrisas, en un semáforo en rojo, en el centro de Querétaro, la ciudad en la que ahora vivo.


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