martes, 3 de diciembre de 2013

Regalos

A: Estando en la playa pensé en ti, entonces pasaron vendiendo pulseritas y te compré esta.
Diatriba: Esta pulserita te hizo pensar en mí?
A: No, ya estaba pensando en ti, pero cuando vi esta pulserita pensé que era tuya. Mi esposa estuvo de acuerdo, era para ti.
Esposa: Es verdad, yo sí pensé en ti cuando la vimos y le dije "sí, llévasela"
Diatriba: Es verde.
A: Ajám
Diatriba: Odio el color verde con todo mi corazón.
A: No lo sabía. Igual es tuya.
Diatriba: Gracias.
A: Te la pongo?
Diatriba: Si, por favor.

Me puso la pulsera en la muñeca izquierda, la que le ofrecí para ponerla, y no me la quité durante un año.
Cada vez que la veía me acordaba de él y me lo imaginaba bailando borracho con su esposa en la playa, platicando de mí, de mi tristeza, de lo culero que es tener planes, ser feliz y que un mal día alguien cague encima de tus planes y tus sueños... tal vez pensando que me lo merecía (o tal vez eso es lo que pienso yo). Me ayudaba ver la pulsera, de alguna forma me dio ánimo en varias ocasiones en las que pensé que ya no podía más, varias ocasiones en las que el concentrado de nicotina se volvía la opción de suicidio más viable.Tal vez el color verde, tal vez la idea de que alguien que apenas me conocía me consideraba importante (alguien que me conozca no lo consideraría jamás).
Se divorció y después de dormir unos días en mi cama me dijo que necesitaba irse a un lugar que le asegurara que no era mi tabla salvavidas... no volvió más puesto que eso era, una tabla salvavidas, muy útil por cierto. La pulsera me la quité un año después, para asistir a una cena de gala en donde descubrí que mi adicción a la nicotina había desaparecido. Guardé la pulsera en la cajita de pulseras que nunca me pongo, al lado de las cosas que la gente me regala y que por lo general son de mi disgusto, pero que guardo con emoción.

1 comentario:

Steve Finnell dijo...
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