jueves, 27 de noviembre de 2014

Despido

Tuve que despedir a alguien. Su desempeño era deplorable. Me llamó la atención que el tipo al ser cuestionado sobre el por qué no tenía la información que le estaba requiriendo dijera: "nadie me apoyó para sacarla". Luego le cuestioné porque no preguntó o pidió ayuda y me respondió: "tuve miedo de ser juzgado". La siguiente pregunta fue: "y no te da miedo perder tu empleo?". El tipo se quedó callado, con lágrimas en los ojos.

Le dí varias oportunidades más, 3 para ser exactos.

Decidí dejarlo en libertad el día que me dí cuenta que sufría taquicardia cada vez que tenía que dirigirse a mí o enviarme información. Un día le pregunté al verlo al borde de un ataque de pánico: ¿qué te pasa? ¿por qué estás tan nervioso?. Y respondió: "usted me pone nervioso". Tenía lágrimas en los ojos.
Lo dejé ir, por su salud mental y la conservación de mi empleo que tan útil me es en la consecución de fondos para solventar los costos generados por las crías.

Pero me quedé intrigada y comencé a preguntar, no es la primera vez que me dicen que es mi culpa que la gente sufra así, que juzgo, ataco, ahogo, bla bla bla. Entonces un buen hombre y compañero de trabajo me dijo: sí hay varias personas aquí que te temen y mejor te sacan la vuelta. 
Y comprendí que no es mi problema. Si esa gentecilla le teme a una tipa que se dedica a hacer su trabajo y por otro lado hay otra gentecilla que no teme de esa tipa, entonces es pedo de los demás y no mío.

Por favor dejen de responsabilizar a los demás de sus pinches miserias.

A llorar a su casa, maricas!

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