lunes, 23 de febrero de 2015

Sin embargo

Ni siquiera me gusta, y sin embargo no dejo de pensar en él, que hace, que piensa, en si me extraña, si me piensa...

Me enciende una luz que se apaga cada media hora, se vuelve a encender, se apaga el fin de semana, se enciende cuando me llama a las 9 am para desearme buen día. Lo odio, porque no puedo dejar de pensar en él y me encanta que no me diga te quiero, que tenga que emborracharse para llamar y decirme: te extraño... lo odio porque le gusta el toreo, asesino; y me encanta porque me dice: cuídate mucho, sí?. Detesto su catolicismo incoherente y me fascina su caballerosidad.

Es de esos príncipes de los que las tipas como yo deberíamos huir corriendo a toda velocidad: católico, torero, lejano, de otra.

Ni siquiera me gusta!

Y sin embargo... aquí estoy escribiendo sobre él.

Lo odio... y no. 

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