jueves, 29 de octubre de 2015

De felicidad

Mi chiquita se casó. Fue maravilloso. Lloré (si alguien lo repite en voz alta lo mato). Raro, eso de estar cerca de la felicidad, era tan  evidente que casi casi se tocaba.
Mientras bailaba sola, me imaginaba haciendo una tregua con ella y la veía bailando a mi lado, con su estúpida sonrisa.

Unas horas antes, junto a mis amigos más antiguos, escuchaba versiones podridas de felicidad, esa que más bien  suena a resignación y a hijos que muy en el fondo succionan la existencia y te dejan  sin energías. Escuchaba sus historias de felicidad que aluden a un encarcelamiento, a una vida limitada por el qué dirán,  por lo que "debe ser". Muy triste.

Y al final de la odisea, de un viaje durante el huracán más grande de la historia, del vestuario vintage y las pestañas postizas y ese disfraz que me ayudó a ser más yo que nunca, descubrí que si puedo, que puedo terminar bailando con  la felicidad, sola, en la boda de mi mejor  amiga.

Y desde entonces, se me quedó esta sonrisa y la cara de estúpida.

Salud!

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