lunes, 11 de junio de 2018

Diatriba, sin Luz.

Hace un par de semanas fui a Mcallen a despedirme de Wela.
"Cayito, Cayito, me voy a morir" me dijo cuando me vió. Sin aviso, las lagrimas brotaron de mis ojos... ni siquiera sentí esa extraña sensación en la nariz, señal previa del inminente lagrimeo, no, nomás comenzaron a salir, groseras.

Cuatro días después de mi partida, mi prima me escribió a las 6:42am. "Hey! She is not breathing anymore" ella estaba ahí. Que difícil.

A pesar de que es algo que uno sabe, incluso que espera, he pasado los días como sombra. Siento que perdí la luz... así se llamaba "Luz", ja! Y hay días en los que lo único que quiero es volver a tener 5 años, que sea verano y caminar por el baldío a su lado, cuando bajara el sol, para ir a comprar a Rivas y regresar a su casa, llena de gatos, a que me de unos "postostes" (nunca supe por qué le decía así al cereal, supongo que por la marca "post", ahora nunca lo sabré).
De ella, me quedaron las siguientes frases: "uyuyuyuyuy", "gloria a dios" ó "gloria al señor" (aplica para cada vez que uno se siente o se levante), "desgraciada mosca" y esa bonita historia de que cuando uno le da de comer a un gato, se va al cielo. Me gustaría creer que ahí es a donde ella se fue. Si no fuera yo tan atea... pero sí alimentó a muchos gatos, que se amontonaban en su puerta para recibir comida y se tendían en la entrada de su casa a cuidar lo que cuida un gato: nada.

Ella me cuido incluso en mi primer embarazo, a los 31 años, cuando se supone que sean los nietos los que cuidan a sus abuelos... no, ella no, ella nos siguió cuidando a todos hasta el final de su vida.

Adiós Wela, te voy a extrañar un poquito cada día de mi vida.

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