jueves, 29 de octubre de 2015

De felicidad

Mi chiquita se casó. Fue maravilloso. Lloré (si alguien lo repite en voz alta lo mato). Raro, eso de estar cerca de la felicidad, era tan  evidente que casi casi se tocaba.
Mientras bailaba sola, me imaginaba haciendo una tregua con ella y la veía bailando a mi lado, con su estúpida sonrisa.

Unas horas antes, junto a mis amigos más antiguos, escuchaba versiones podridas de felicidad, esa que más bien  suena a resignación y a hijos que muy en el fondo succionan la existencia y te dejan  sin energías. Escuchaba sus historias de felicidad que aluden a un encarcelamiento, a una vida limitada por el qué dirán,  por lo que "debe ser". Muy triste.

Y al final de la odisea, de un viaje durante el huracán más grande de la historia, del vestuario vintage y las pestañas postizas y ese disfraz que me ayudó a ser más yo que nunca, descubrí que si puedo, que puedo terminar bailando con  la felicidad, sola, en la boda de mi mejor  amiga.

Y desde entonces, se me quedó esta sonrisa y la cara de estúpida.

Salud!

lunes, 5 de octubre de 2015

Hay prioridades

Aquí las estaciones se notan. Ya es otoño y se nota, el viento frío, las plantas perdiendo verdor...  todo muy romántico y yo buscando que hacer.
No te lo había contado, estoy escribiendo cartas a mis seres  queridos, otra vez. Había perdido la costumbre  y tengo adolorida la mano, pero vale la pena. Ver la cara asombrada de los empleados de correos cuando llego con  las cartas no  tiene precio, si pudiera ponerles subtítulos dirían: "por qué no envía un email?"
Ayer justamente me puse a extrañarte, hoy que el viento frío va llevándose hojitas secas de árboles hipócritas (se llama Dollar) y saqué una prenda apropiada para cubrirme pensé que sería ideal que me abrazaras y lo peor fue que pensé que sería ideal que me  abrazaras por mucho tiempo, una hora o algo así... pero tu estás bien  lejos y tal vez si quieras abrazarme, pero no  tanto tiempo y obvio no  sería tu prioridad, seguro tendrías otras prioridades.
Acá yo  sigo cagándola sistemáticamente, como me gusta. Al grado que hoy, que tengo  la  noche libre no tengo otra cosa que hacer, mas que escribir cartas a mis seres queridos.

Y yo te vine a escribir esto. Y no me dolió la mano. 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Amistá

Encuentro increíblemente placentero encontrar amigos nuevos. Aquí no, allá. 

Creo que lo mío son las amistades epistolares. Evitan el contacto y sus miserables repercusiones.

Yo soy el problema, lo tengo claro. 

"Al menos ella puede hablarlo" dijo C... y me sonó a elogio.

Salud!

lunes, 10 de agosto de 2015

Vacación

Estoy a 5 días de vacacionar en la ciudad de la que huí. Sí, huí.

Siento mucha emoción de volver a ver a mis amigos, que cada vez son más pocos, pero sobre todo siento una emoción indescriptible de comer tacos, tostadas, enchiladas... de esa infernal ciudad.

Soy una obesa de closet.


martes, 4 de agosto de 2015

Foto



Conin y yo. 
Desde los ojos de mi engendro.

lunes, 27 de julio de 2015

Mentiras

Tengo dos heridas en la espalda que parecen latigazos, me golpeo con una puerta que hay en mi closet cada vez que puedo, tengo un chipote en la frente porque de alguna forma me dí con el cancel del baño en la cabeza, me herí la mano poniendo un espejo y me he tropezado al menos 4 veces el día de hoy.

Tengo que dejar de mentir o me voy a terminar matando. Estúpida culpa.




martes, 21 de julio de 2015

Dos horas

Tardé tanto en llegar al hotel que los dos pensamos que no lo lograríamos. Dos horas nada más. Miles de kilómetros viajados al punto intermedio y sólo dos horas para estar juntos, a oscuras, en un sórdido cuarto de hotel de 4 estrellas que más bien parecían 3.
Toqué la puerta. Quién es?. Pues yo, a quién más esperas?. Abrió. Lo abracé. Me besó. Y logramos que esas dos horas parecieran mucho más y que esos miles de kilómetros desaparecieran por completo.
Después de estar desnudos en la cama y sonreír como locos, regresamos poco a poco a ser eso que no somos, para volver a hablar de la familia, del trabajo y separarnos otra vez, cada uno en un extremo de la habitación, volver cada uno a ese lugar a miles de kilómetros de distancia del otro.

Salimos como dos extraños, volteando a otro lugar, sonriendo. Sonrisa que no tardó mucho en desaparecer, cuando nos dimos cuenta que probablemente no volveríamos a vernos, que esos kilómetros, que esas familias, que esos trabajos, que el tiempo que no tenemos nos va a impedir volver a estar desnudos en una cama, sonriendo, siendo lo que somos, aunque sea por dos horas.