sábado, 19 de marzo de 2016

Norma y Gerardo

Norma es  de Honduras, a Gerardo  lo tuvo  en  su travesía por América Central. Gerardo tiene 3 años, va a cumplir 4. Ella tiene 30. Hace 2 que están en México.

Los recogí en la carretera México- Querétaro con dirección a México. Ella estaba  borracha, pidiendo aventón, peleando con los patanes que se detenían a gritarle groserías. Tambaleándose con su lata de Modelo especial en la mano mientras Gerardo corría a su alrededor. 

Lo  primero que me dijo cuando se subió a mi mamámovil  camioneta de aventura fue: los hombres no valen madre! verdad?. Nadie me quiere, solo me golpean y me maltratan, nadie  me cuida.

Yo estaba muy enojada con ella, estaba poniendo en riesgo a su hijo con su alcoholismo y todo lo mío que ví en ella me molestó demasiado. 
Después de asegurarme de que fuera su hijo me  detuve en un oxxo, "lo primero que tienes que hacer es bajarte la peda, te estás poniendo en riego a tí y a tú hijo".
Me dió la lata de cerveza casi llena y me bajé a tirarla,  a comprarles agua, café, comida. La llevé a la central de autobuses de San Juan del Río y le dí dinero para comprar su boleto a un  poblado cercano, en donde hay un centro que les da asilo y comida a los inmigrantes.

Tenía una pelota de Mau en el asiento, Gerardo la quería. Norma le dijo:"te quieres quedar con ella?" y entonces me  detuve de nuevo y le grité: cómo puedes decirle eso a tu hijo? lo dejarías  con una completa desconocida? tú eres la que no vale madre, borracha, exponiéndote a tí y a tu hijo!!! Nadie te va cuidar, nadie te va a querer, ESE ES TU TRABAJO! tú estás formando a un hombre que no va a valer madre tampoco y andas por ahí pregonando que son los hombres los que no valen  madre, empieza por educar a uno que  si valga!.
Y nos quedamos viendo y las dos lloramos. "Es verdad, me  dijo. Pero tú porque sufres?"

Todos sufrimos por algo Norma. Me tomó la mano. "Todo va a estar  bien" me dijo. 

La dejé en la central y la abracé, olía horrible, le dí la pelota a Gerardo y le dí un pañuelo para que se limpiara los mocos. "Toma agua" Fue lo que le pude decir.

Ellos me ayudaron  mucho más de lo que yo les pude ayudar a ellos. 

Y me duele.





miércoles, 27 de enero de 2016

El contacto y sus problemas

Hay días como hoy en los que me quiero subir a mi hermosa  camioneta (que no es una mama/móvil, si no un vehículo de aventura) y conducir hasta ciudad infierno.

Lo haré mañana, lo prometo. Iré por las crías a la escuela y no  me detendré hasta que un pañal, una miada en la llanta o ciudad infierno nos obligue.

Un ratito de distancia para tomar perspectiva, decisiones y recibir ese amor que sólo encuentro en ese ranchote perverso. Pa volver con  más o menos  ganas, no lo sé, pero sin la angustia (espero) que el contacto* me ha provocado en estos días.




*Se tapa los ojitos sonrojada

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Dulzura apestosa

La inconveniente vocecilla grita: CORRE! CORRE YA!

Yo contesto la llamada pasivamente, tal como ha ocurrido durante todo el año. No me dice nada, o me lo dice todo, no sé como interpretarlo, ese es el problema o esa es la solución,  no saber.

Él: un príncipe, yo: una loca. (CORRE!!!)

¿En qué momento se me ocurrió la mala idea de responder? Puedo contarme miles de mentiras y la verdad es que lo quiero, pero no quiero todo lo que implica. Entonces me  hago pendeja y entre toda la apestosa dulzura pienso que no lo  quiero, que no me gusta y que yo no soy responsable de sus llamadas (pero sí de contestarlas, hipócrita!!!!)... (CORRE! CORRE YA!!)

Yo no corro, ni en defensa propia.


Cada quien se hace mierda a su  manera. Yo sigo intentando mentirme, pidiendo peras al olmo y golpeándome la cabeza con puertas de auto.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Emergencias.

Odio los hospitales. Cuando era niña, había días en los que al abrir los ojos me encontraba en una sala de urgencias o en una sala de hospital llena de bebés llorando. Yo no  recordaba nada de lo que había ocurrido, hasta que veía a mi mamá con cara de sufrimiento que me decía: convulsionaste otra vez.
En esa época  no entendía a que se  refería. Para mí convulsionar era abrir los ojos en  una sala de hospital. Había veces peores que otras, una vez desperté en una tina con  hielos, en  Reynosa (no se lo deseo a nadie), otra  vez desperté en  un cuarto de hospital y mi mamá me había comprado un libro de Capulina para leer, lamentablemente el libro se me cayó en la nica y quedó oliendo a pipí.

Ayer, por tercera vez, tuve que llegar corriendo a una sala de emergencias, mi bebé convulsionó. El pediatra dice que la respuesta al aumento  de temperatura es hereditario. Es mi culpa entonces.

Yo quería que mi bebé supiera que su mamá estaba ahí y que no me iba a mover hasta que no despertara del todo. Las manos me comenzaron  a temblar y no  pude evitar llorar. La doctora de urgencias me decía: es una  reacción al aumento de temperatura natural en niños de 1 a 5 años, no se preocupe.
Quería patearla, desconectar a mi bebé y meterme en una cueva a cuidar a mi cría.


Odio los hospitales.

jueves, 3 de diciembre de 2015

De vidrios y caminantes.

"Es como si uno contuviera vidrios rotos en el alma, que te estuvieran lastimando. Todos tenemos algún vidrio roto en el alma, que lastima y hace sangrar, aunque sea un poquito. Entonces, al escribir, siento que puedo sacar un poco de esos vidrios fuera de mí. Al ponerlos en un papel, ya no me dañan. Ya no me hacen la vida imposible, sino que la multiplican, porque me permiten entenderme mejor con los demás. Porque cada uno tiene sus vidriecitos que duelen. [Sonríe un poco.] Creo que la literatura es comunicación o no es nada. No escribo para mí, escribo para comunicarme con otros, para llegar a otros que van a ser mis amigos, aunque no los conozca todavía."
E. Galeano.




Con lo que  me molestan las citas.
Vamos sacando  vidrios y caminemos.

martes, 1 de diciembre de 2015

Presupuestos

No  sirven  para  nada. 


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Intentaré escribir

No podía dormir. El movimiento del bus me da comezón en la nariz y no puedo dejar de rascarme, por lo tanto no puedo dormir. Mi espalda chueca, además, me está  dificultando hacer eso que tanto me gusta: viajar.
Pensé que al fin tendría 10 horas para leer mi libro, pero entre la comezón y la falta de luz en mi  asiento resultó imposible (autobús horrible). Luego volví. Y me sentí tan sola... que al volver, lo mejor que pude encontrar en este pequeño y retorcido pueblo fue a mis crías.

La verdad no extraño ese ranchote del que vengo, no es eso. Es tal vez esa yo que dejé de ser. Las personas que me rodearon durante el festejo  me recordaron cómo solía ser yo en aquella época, me sorprendí no siéndolo más, alguien que da miedo. ¿Por qué? fue la pregunta que les hice sonriendo. La respuesta fue una  risa generalizada. Ahora doy risa. Me gusta.

Tampoco es que odie este  retorcido y pequeño pueblo, es que el pequeño y retorcido pueblo me odia a mí (jajaja, tenía que escribirlo) y tiene sus muy válidas razones.

Es por eso que he decidido no dejar de documentar esta vida mía tan llena de errores, que la llenan de buenas historias que me permiten organizar este hervidero de pendejadas que tengo  por cabeza, contando.

Otra vez. Ya qué.