martes, 3 de junio de 2014

Confesión

Muchas veces he creído que rebasé la línea de la locura. Me cuesta admitirlo, pero ha habido muchas ocasiones en las que creo que de plano ya se me fueron las cabras al monte.
Me ha ocurrido, por ejemplo, que no me reconozco en un espejo y de pronto me invade un temor horrible al descubrir que la persona que está en el reflejo soy yo y no una desconocida. Me ha pasado que veo calcetines convertirse en lagartijas o focos en relojes. Sacudo la cabeza y vuelven de inmediato a su forma original, pero la sensación que dejan estos eventos es de profundo temor a perder el contacto con la "realidad" de un momento a otro. Lo peor es cuando de mi boca salen palabras sin sentido para mis interlocutores, las "visiones" se pueden ocultar fácilmente puesto que nadie más se percata de ellas, pero las palabras que salen de mi boca sin mi permiso me hacen querer arrancarme el cabello y darme de latigazos. En una ocasión mi jefe me preguntaba que quién daba el mantenimiento a las áreas verdes de cierto fraccionamiento y yo respondí "4:40pm" pero con acento pueltoliqueño. Snif. Pensaron que estaba jugando y ciertamente sonreí nerviosa para que pensaran que era una broma. Un drama inmenso ocurría en mi interior mientras sonreía. No pude encontrar el motivo de semejante respuesta y semejante acento saliendo de mi boca, con mi voz... sin mi permiso.
Hay otras veces, como hoy, en las que me descubro dirigiéndome a un sitio al que no tengo nada que hacer. No como esas ocasiones en las que automáticamente uno llega a su destino, no, en este caso me descubro moviendo los pies, caminando hacia el baño, pensando "no tengo nada que ir a hacer allí, mejor debería apurarme y subir a los niños al coche" pero sin poder controlarlo y terminando el recorrido; para solo entonces poder continuar con lo que sí tengo que hacer.

Por este tipo de situaciones, una preocupación ocupo mi mentecilla durante estos últimos meses. Ha quedado resuelta por el momento y fue calmada por una palabrita que salió de la boca de mi hijo mayor.
Le pregunté antes de su cumpleaños: Quién va a cumplir años!? Y me respondió sonriendo, mientras se tocaba el pecho: YO!. Entonces pregunté: y quién te va a comprar un pastel!? Y entonces respondió señalándome: TÚ!
Llego a abrazarlo y a besuquearlo y me quita diciendo: "No mamá!". Me retiro sonriendo.

Él no está loco. Snif.

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