Suelo gritar un montón. No me entero. Las personas voltean a verme y comienza a darme pena.
Estoy tremendamente ebria. Dos botellas de vino, uno rosado, otro tinto. Quién lo diría. Diatriba, tomando vino a los 43 años, casi 44.
Me escribió: "cómo estás?"
"Sobria" Respondí.
Fui atacada por varios recuerdos, recuerdos hermosos e inútiles: los ficus en la ventana, las gatas, la tinga, el arroz verde, el escupitajo cuando huele a caca, la alegría, la risa que nos daba casi todo.
"Mira, no andas peda, ni yo, sólo somnolientos. Pero desde hace rato te quiero pedir perdón Carol. Siempre te recuerdo"
Volví a tomar. Y lloré mucho. Dos botellas de vino bastaron. Tremendamente ebria.
El alma me quedó tranquila, el corazón todavía lo tengo destrozado.
Me dijo: "En terapia me preguntó la analista que si había sentido amor alguna vez. Y respondí si, pensando en tí"
A quién quería engañar?
"No quedaba más que una parva libertad condicional, la irrisión de vivir a la manera de una palabra entre parentesis, divorciada de la frase principal de la que sin embargo es casi siempre sostén y explicación"
Julio Cortázar.
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