viernes, 19 de diciembre de 2014

Este no es mi mes.

Un día, antes de que me muera, voy a conseguirme a un escritor con talento, para que escriba mis múltiples aventuras y genere muchas ganancias con las absurdas estupideces que me suceden. Desde la infame vecina que me baja las llantas del coche porque no la dejo estacionarse frente  mi casa, hasta los boletos de estacionamiento perdidos, pasando por el coche encerrado en un estacionamiento y las descomposturas del polvorón y de las crías... una mierda todo.

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jueves, 4 de diciembre de 2014

Diatriba, sus groserías.

Soy una grosera.

Soy una grosera porque No quiero que me toquen y decirlo es la peor grosería del mundo.
No quiero dar dinero y decir que no es una grosería.

Además soy una basura porque No quiero que me presten un vestido horripilante, o comer tacos de carnitas. 

Además, mis hijos seguramente serán unos criminales... ¿por qué? obviamente porque trabajo y las mujeres no deberían trabajar, deberían estar en casa atendiendo a sus hijos para que estos no se vuelvan unos criminales.

¿Cómo me atrevo a cuestionar semejante planteamiento? 

Soy una grosera.

Obvio.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Despido

Tuve que despedir a alguien. Su desempeño era deplorable. Me llamó la atención que el tipo al ser cuestionado sobre el por qué no tenía la información que le estaba requiriendo dijera: "nadie me apoyó para sacarla". Luego le cuestioné porque no preguntó o pidió ayuda y me respondió: "tuve miedo de ser juzgado". La siguiente pregunta fue: "y no te da miedo perder tu empleo?". El tipo se quedó callado, con lágrimas en los ojos.

Le dí varias oportunidades más, 3 para ser exactos.

Decidí dejarlo en libertad el día que me dí cuenta que sufría taquicardia cada vez que tenía que dirigirse a mí o enviarme información. Un día le pregunté al verlo al borde de un ataque de pánico: ¿qué te pasa? ¿por qué estás tan nervioso?. Y respondió: "usted me pone nervioso". Tenía lágrimas en los ojos.
Lo dejé ir, por su salud mental y la conservación de mi empleo que tan útil me es en la consecución de fondos para solventar los costos generados por las crías.

Pero me quedé intrigada y comencé a preguntar, no es la primera vez que me dicen que es mi culpa que la gente sufra así, que juzgo, ataco, ahogo, bla bla bla. Entonces un buen hombre y compañero de trabajo me dijo: sí hay varias personas aquí que te temen y mejor te sacan la vuelta. 
Y comprendí que no es mi problema. Si esa gentecilla le teme a una tipa que se dedica a hacer su trabajo y por otro lado hay otra gentecilla que no teme de esa tipa, entonces es pedo de los demás y no mío.

Por favor dejen de responsabilizar a los demás de sus pinches miserias.

A llorar a su casa, maricas!

martes, 25 de noviembre de 2014

No. Nada.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La cara larga

Hay pocas cosas que deteste tanto como un hombre religioso. De una mujer lo soporto, porque sí, soy una retrógrada, pero un hombre religioso es como una patada en las tetas.
Un tipo se atrevió a decirme un día que lo único que me "hacía falta" era acercarme a dios. A él lo único que le "hacía falta" era valor, un cerebro y un corazón, nomás que su Mago está en todos lados, no hay que ir a Oz a buscarlo, pero al final son igual de charlatanes.
En fin. Hoy me levanté bailando (sí, bailando) una canción que no existe pero que sonó durante todo mi sueño que decía "la cara larga, tu tu tu tú, la cara larga, tu tu tu tú..." y recordé lo molestos que me resultan los hombres religiosos.

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domingo, 19 de octubre de 2014

El día que aprendí a recibir abrazos

Fue un día de Octubre. Lluvioso. Me dolía la cabeza. Por lo general los sábados me duele.
Hasta ese entonces me resultaba sumamente desagradable el contacto con humanos.

Una mujer de aproximadamente 70 años apareció en mi oficina, me contó una historia muy triste sobre como unos ladrones le robaron los muebles de baño de su casa y me conmovió su amabilidad. Cuando se fue me agradeció mi atención y me dió un abrazo. Me dejó una sensación no de desagrado, si no de violencia. Una violencia muy rara. Pacífica.
Entonces vino un compañero de trabajo, con el que todos los días peleaba. Me explicó que va a resolver todos los problemas por los que tengo que poner la cara a diario. Le dije que estaba cansada de sus promesas, que no podía confiar en él. El me dijo que era su responsabilidad que ya no me gritarían por su culpa, que le diera otra oportunidad para demostrármelo. Todo sonaba muy raro. Parecía que estaba hablando de otra cosa, no de garantías en construcción.
Me quedé observándolo, flaco, ojeroso. Lucía cansado, como si hubiera cargado durante mucho tiempo algo y acabara de soltarlo.
Entonces le dije: No has dormido verdad?. Y el me dijo: No. Temo por tí.
Y volteó a verme con una mirada de cachorro que hace mi hijo cuando me dice: te amo mami.

Desvié mi vista. Se agachó otra vez a ver la lista que tenía en las manos.

Entonces me puse de pie, le dí la mano, se puso de pie, lo abracé y me abrazó. Luego de un suspiro salió de mi oficina sin darme la cara.

Y jamás lo volví a ver.

Desde entonces, me gusta que me abracen.




jueves, 16 de octubre de 2014

Todo este tiempo

Llevo todo este tiempo preguntándome ¿qué haces y qué piensas cuando vienes aquí y no encuentras nada?

Yo he estado. Nada más.